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Luego de una década de los años 70 marcada por dictaduras sangrientas (y/o por guerras civiles), los años 80 y 90 signados por los planes de ajustes neoliberales, América Latina ha conocido, desde 1998, la llegada de gobiernos "progresistas" a la cabeza de los Estados, principalmente en el sur del continente. Este nuevo ciclo político es el resultado combinado de una crisis de hegemonía de las élites y los partidos tradicionales, y del auge de diversas revueltas colectivas, como el Caracazo venezolano o el zapatismo mexicano, potentes oposiciones a las privatizaciones del agua y del gas en Bolivia, pero también en Brasil o en Costa Rica con movilizaciones campesinas masivas. Esto sucedía, mientras varios jefes de estado eran barridos por la calle en Perú, en Ecuador, en Bolivia y en Argentina, firmando de esta forma el regreso de la cuestión social al campo político y el fin del "consenso de Washington". No obstante, si bien hemos podido hablar de "giro a la izquierda, estos gobiernos progresistas no poseen, o tienen poca, homogeneidad. Por cierto, periodistas e investigadores a menudo han construido una oposición entre "dos izquierdas" latinoamericanas: una con tono antiimperialista, que refundó las Constituciones, marcó el regreso del Estado y su desconfianza hacia la economía de mercado; la otra que se adapta a las instituciones y prefiere una actitud consensual hacia las élites y el capital transnacional. Más de una década y media después de la elección de Hugo Chávez, parece adecuado evocar una multiplicidad de contextos nacionales, atravesados por el mismo descontento ciudadano y la preocupación de responder a la urgencia social por parte de gobiernos “nacional-populares " y a menudo calificados de “postneoliberales" (Sader, 2008; Katz, 2008).

Indudablemente, la "ola" de gobiernos progresistas en América del Sur suscita el interés de los politólogos y de la comunidad científica desde hace varios años. Así, en Francia varios trabajos se han inscrito en una tentativa de comprensión de este fenómeno: con cierto entusiasmo (Gaudichaud, 2008), de manera más reservada (Saint-Upéry, 2008) o para subrayar las tentaciones autoritarias (Dabène, 2008). También se han publicado un cierto número de dossiers de revistas sobre el tema (Actuel Marx, 2007; Problèmesd’Amérique latine, 2009). Este interés es también muy real al interior de las universidades latinoamericanas (Nueva Sociedad, 2008). Sin embargo, desde hace 4 o 5 años, las incertidumbres se acumulan respecto a estos ejecutivos que se identifican con el progresismo. Dos de ellos fueron derrocados por golpes de Estado (Honduras en 2009 y Paraguay en 2012), varios se enfrentan a movimientos sociales con diferentes repertorios de acción (huelga general en Bolivia o en Argentina, resistencias socio-medioambientales en Perú, revueltas urbanas en Brasil, manifestaciones de las capas medias superiores en Venezuela). Esta crisis ha tomado una intensidad superior en estos últimos meses con la victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales argentinas, la derrota del chavismo en las elecciones legislativas venezolanas y el fracaso de Evo Morales en el referéndum sobre la reelección del binomio presidencial, y la crisis económica y política que atraviesa Brasil. En el plano económico, la ausencia de alternativas concretas al modelo rentista o primo-exportador, la "reprimarización" de los ciclos productivos (Salama, 2012) o incluso en los procesos neo-extractivistas de recursos naturales, son cada vez más centrales en las críticas de la sociedad civil y de las oposiciones políticas.

Esta nueva coyuntura, y sus numerosas coordenadas desconocidas, son parcialmente palpables en la literatura reciente. Si ciertos autores, en una perspectiva marxista (Herrera, 2010) o funcionalista (Couffignal, 2013), perciben ante todo una "nueva" América Latina, "revolucionaria" y " laboratorio democrático de Occidente", otros trabajos (Dabène, 2012; Gaudichaud, 2016) o revistas (Recherchesinternationales, 2012; Mouvements, 2013) ponen en evidencia, bajo diversos enfoques, las dificultades y los límites de los gobiernos en ejercicio (CEPAL, 2010). Más allá de las fronteras del Hexágono, esta situación política interesa a la comunidad anglosajona, en una perspectiva crítica centrada en los impactos de la mundialización del capital en la región (Robinson, 2008; Webber, 2016). En América Latina, los investigadores invitan a profundizar esta cuestión frente a gobiernos que se encuentran en una “encrucijada" y que difícilmente pueden oponerse a nuevos actores hegemónicos, tales como las empresas transnacionales y China o incluso frente a dinámicas de predaciónextractivistas, originadas en los "consensos de los commodities" (Svampa, 2012; Nueva Sociedad, 2014).

¿Estamos asistiendo al fin de una "edad de oro" de los gobiernos progresistas sur y latinoamericanos? ¿O incluso a diversas formas y desarrollo de “revolución pasiva” (Modenesi, 2012)? ¿Cómo explicar este estancamiento? ¿Y con cuáles perspectivas, mientras se abren nuevos períodos electorales en varios países clave? ¿Cuál es el sitio de los movimientos sociales en este contexto en tensión?

Un coloquio internacional centrado en América del sur tendrá la ventaja de poder movilizar a un público de investigadores tanto franceses como extranjeros (y esperamos en particular latino-americanos), y de renovar nuestro enfoque, a más de 15 años del “giro a la izquierda" en la región. Este coloquio está también abierto a perspectivas centroamericanas (el caso de Nicaragua de Ortega y Murillo) o caribeñas (entre otros: impacto y evolución de la relación entre Cuba y los ejecutivos progresistas).

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